La pedanía de Otañes da un paso definitivo hacia la modernización y mejora de su entorno urbano. Tras años de compleja tramitación administrativa, han concluido con éxito los trabajos de demolición de los antiguos edificios situados en el Barrio Otañes nº 88 y nº 89, eliminando un punto de degradación arquitectónica y mejorando la seguridad de la zona.

Una demolición parcial y estratégica

Los trabajos en la parcela se desarrollaron de forma progresiva desde finales de marzo hasta principios de junio. La empresa Zanjadoras y desmontes S.A. fue la encargada de ejecutar esta intervención, que fue adjudicada por el Ayuntamiento en el mes de noviembre por un importe de 98.010 euros. Esta cuantía económica se ha compensado formalmente de la deuda del agua que mantenía la Junta Vecinal.

Atendiendo a los criterios de los técnicos municipales, se ha optado por una demolición parcial y estrictamente controlada. En este sentido, se remarca que no se ha producido un derribo al ras de suelo, una decisión técnica que responde de manera obligatoria a la catalogación y los parámetros fijados en la ficha urbanística de la parcela dentro del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).

Así será el futuro complejo residencial y público

Con el compromiso de derribo ya finalizado, el alcalde ha instado al secretario de la Junta Vecinal a redactar el pliego de condiciones para que una empresa externa promueva la edificación. El terreno municipal se cederá a la adjudicataria y, como contraprestación, la administración local recibirá la titularidad de los bajos comerciales para destinarlos a equipamientos y locales de uso público.

El proyecto, diseñado por el arquitecto Guillermo Agudo Portell, transformará por completo la fisonomía de este espacio combinando el uso residencial con el disfrute vecinal:

  • 8 viviendas de nueva planta con sus respectivos trasteros.
  • Locales públicos en la planta baja para la Junta Vecinal.
  • Un nuevo espacio acondicionado como parking para vehículos.
  • Una amplia área ajardinada de acceso libre.

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Nueva vía de diálogo con el Obispado

El avance de las obras ha servido también para reactivar las negociaciones con el episcopado. Actualmente se trabaja en la posibilidad de redactar un proyecto de características similares para los terrenos colindantes.

La propuesta pasa por que el Obispado ceda dicho suelo para incluirlo en la misma licitación a cambio de una compensación económica a favor de la diócesis. Aunque el acuerdo formal aún no se ha plasmado por escrito, ambas partes confían en firmarlo próximamente para dar, por fin, una solución integral y unificada a los derribos pendientes de la zona.

El fin de un complejo expediente

La demolición de estas casas cierra un capítulo administrativo que se ha prolongado mucho más tiempo del previsto. Inicialmente, la Junta Vecinal intentó ceder los inmuebles en especies al Ayuntamiento para condonar la deuda del agua, una opción que fue rechazada por la administración central por cuestiones técnicas.

Dada la inviabilidad de esa propuesta, se cambió de estrategia para apostar de forma definitiva por la demolición. Para llegar al día de hoy, ha sido necesaria la redacción sucesiva de tres documentos clave: el informe de declaración de ruina, el proyecto de rehabilitación y, finalmente, el proyecto de derribo que acaba de completarse.